Varios libros recomendados
Espero que se sientan tentados a levantar alguno
1. Zambra y Mairal
A No leer de Alejandro Zambra me lo prestó una vez un amigo, junto al extrañísimo Facsímil. Fueron los dos primeros libros que leí del escritor chileno. Me parecieron tan buenos que los devolví. A Facsímil lo conseguí cuando Anagrama lo volvió a sacar. A No leer no lo conseguí por mucho tiempo.
Las ediciones que me habían prestado no eran las de Anagrama, ninguna de las dos. Eran las versiones originales de esos libros, antes de que la “gran” editorial lo hallara y le diera notoriedad.
Hace un mes mientras releía otro libro de Zambra, Tema libre, pensé en No leer y lo busqué por Mercado Libre. Lo compré y llegó unas semanas más tarde.
El libro junta trescientas páginas de ensayos, crónicas, reseñas y comentarios sobre literatura. Cada párrafo de Zambra es entretenido y original. Su escritura no cuesta nada para el lector, pero cada pensamiento es valioso. La relación entre diversión y profundidad es tan distinta a lo que uno está acostumbrado que el libro te hace replanteártela.
Cuando llegué al ensayo sobre Pedro Mairal, que es una reseña del tomo reunido de los Pornosonetos, me encontré con que Zambra cita completo uno de los poemas que más me había gustado de ese libro. Entre que leí No leer y lo compré, leí muchas veces los Pornosonetos de Mairal, una colección de cerca de cien sonetos, escritos con maestría técnica, que se meten sin complejos en temas eróticos, románticos y juguetones. No me acordaba en absoluto de que Zambra hablaba de estos poemas, mucho menos que citara ese en particular, que, durante algún tiempo supe de memoria y luego olvidé.
En el último mes, empecé a seguir al crítico inglés Henry Oliver (más sobre él abajo) que recomienda mucho memorizar poesía y volví a hacerlo. Y como paso horas acunando un bebé tengo tiempo de sobra para repetirlos. Llevo aprendidos una decena. El próximo será este de Mairal que, advierto, es subido de tono, pero altamente recomendable:
Dos vidas quiero yo dijo fernando
lo dijo con resignación profunda
una para coger y la segunda
para hacerme la paja recordando
y yo dijo gastón quiero un duplete
tener a dos minitas en mi casa
bucearla el orto oscuro a una negraza
mientras la rubia puta me hace un pete
yo quiero una gordita dijo lucas
que me quiera y se ría y no me rompa
que me pida masajes en la pompa
que me deje fumar todas mis tucas
y yo no dije nada tuve tos
no dije que en verdad te quiero a vos
2. Bloom y Wordsworth
Les nombré a Henry Oliver, que tiene un newsletter y un podcast llamados The Common Reader, un doble homenaje literario. Se trata de una frase que originalmente escribió Samuel Johnson para subrayar que existe algo como un lector no especializado, que es, al final, quien sostiene las obras a lo largo del tiempo: “por el sentido común de los lectores no corrompido por prejuicios literarios… debe decidirse finalmente toda pretensión a los honores literarios”. Luego, Virginia Woolf le puso así a su colección de ensayos literarios, que Oliver considera que son la mejor de la crítica literaria del siglo XX.
En un podcast al que fue invitado le preguntaron qué libro recomendaba para entusiasmar lectores y él nombró, para mi asombro y regocijo, Cómo leer y por qué de Harold Bloom. Digo que para mi asombro porque ese libro es una suerte de libro menor del gigante crítico clasicista. Lo compré en una librería en Cordoba (creo), hace muchos años, y ha guiado mi lectura desde entonces. Hace quizás veinte años. Bloom recomienda cuentos, poemas, novelas y obras de teatro individualmente en ese libro y habla de cada pieza por separado. Leí, gracias a ese libro, a John Milton, Emily Dickinson, Henrik Ibsen, Flannery O’Connor, Thomas Pynchon, Cormac McCarthy, entre otros. Pero sobre todo, descubrí a William Wordsworth, que es, con Borges, el poeta que más he leído desde entonces.
Volví a ojear la parte sobre Wordsworth de ese libro y me encontré con que Bloom recomendaba un poema corto que, de hecho, ahora había aprendido de memoria. Es quizás uno de mis favoritos en toda la literatura. Honestamente, no recuerdo haberlo leído en Bloom, sino en esta otra selección que compré luego en inglés. Cito el poema y la traducción que aparece en el libro:
A slumber did my spirit seal;
I had no human fears:
She seemed a thing who could not feel
The touch of earthly years.
No motion has she now, no force;
She neither hears nor sees;
Rolled round in earth’s diurnal course,
With stones, and rocks, and trees.
El sueño me selló el espíritu;
yo no tenía miedos humanos:
ella era un ser insensible
al roce terreno de los años.
Ahora no tiene movimiento ni fuerza;
ya nada oye ni ve nada;
gira en el curso diario de la tierra
con las rocas, las piedras y las plantas.
(La versión es, al parecer, de Marcelo Cohen, que tradujo el libro y casi todas las citas)
3. Oliver y Seinfeld
Un libro nuevo que puedo recomendar es justamente el de Oliver. Es una persona singular este Henry Oliver. En su Substack habla mucho de clásicos, recomienda, en especial, a Shakespeare y a Samuel Johnson y tiene decenas de miles de seguidores. En su podcast hace entrevistas muy incisivas, pero singularmente humildes y accesibles. Sin problemas, acepta y confiesa que no ha leído algunos libros, que es lo que suele hacer la gente que ha leído mucho y que le gustan los libros. Sólo esa gente puede recomendar Ivanhoe con entusiasmo, como si acabara de salir, y empezar a leer a Proust de grande, caer rendido y saber transmitirlo.
Sin embargo, su único libro no es literario, o no lo es prioritariamente. Second Act es una especie de libro de historia, mezclado con filosofía práctica, en el que Oliver reflexiona sobre los late bloomers, es decir, las personas que tuvieron éxito o “florecieron” tarde en la vida. Muestra cómo sus caminos explican formas muy interesantes del talento. Late bloomers son, por ejemplo, Ray Kroc, que compró McDonald’s con más de cincuenta, y Margaret Thatcher, que si no hubiera llegado a los cincuenta no la recordaría nadie (y el mundo sería distinto probablemente). También el propio Samuel Johnson fue un fracaso gran parte de su vida y luego fue la leyenda viviente que hizo el primer diccionario del idioma inglés.
Los late bloomers suelen ser persistentes en sus ideas, pero pacientes en su desarrollo, que puede llevarles muchos años. También son serios y un poco obsesivos, pero no eficientes. Para explicar los beneficios de la ineficiencia, Oliver encuentra una entrevista a Jerry Seinfeld (de quien hablamos extensamente con Diego Papic en mi podcast), el comediante más exitoso de la historia, en la Harvard Business Review:
Con Larry David ustedes escribieron Seinfeld sin una sala de guionistas clásica y el agotamiento fue una razón por la que pararon. ¿Había una forma sustentable de hacerlo? ¿Podría McKinsey o alguien haberlos ayudado a encontrar un mejor modelo?
¿Quién es McKinsey?
Una consultora.
¿Son graciosos?
No.
Entonces no los necesito. Si sos eficiente, lo estás haciendo mal. La forma correcta es la difícil. La serie fue exitosa porque yo controlaba todo, cada palabra, cada línea, cada toma, cada corte, cada casting. Esa es mi forma de vivir.
4.Lerner
Hasta hace unos pocos días los escritores más recientes que más admiraba eran probablemente Karl Ove Knausgård y Emmanuel Carrère. Felizmente, este año descubrí a Ben Lerner que sacó una nueva novela. Está en inglés por ahora y ojalá sea traducida. Es una historia que habla muy inteligentemente de la tecnología, las relaciones humanas y los niños. Pero hoy quería más bien hablar de un ensayito que conseguí. Empecé a leer El odio a la poesía, que sí está en español. Todavía no lo terminé, pero abre citando un poema de Marianne Moore. El poema es este:
POETRY
I, too, dislike it.
Reading it, however, with perfect contempt for it, one discovers in
it, after all, a place for the genuine.
POESÍA
A mí también me desagrada.
Al leerla, sin embargo, con el más completo desdén hacia ella,
uno descubre que, a fin de cuentas, en ella hay un espacio para lo genuino.
Lerner confiesa que a él le pasa lo mismo que Moore, le desagrada la poesía, o mucha poesía. Yo automáticamente recordé el ensayo de Gombrowicz “Contra los poetas”, que se burla de la enorme cantidad de estupideces que dicen los poetas cuando hablan de su arte. Zambra tiene un par de ensayos “contra la poesía” en No leer también. Es un tema común de los poetas odiar a la poesía al parecer. El amor y el odio vienen juntos, dice Lerner.
El poema, sin embargo, hace la magia, ¿no?, la propia magia que el poema explica: porque la poesía es magnífica cuando encuentra ese espacio para lo genuino.
5.Lectores
Entonces, suficiente por la entrega de hoy. Hay muchos poetas y muchos lectores. Algo más para terminar: sí creo que es bueno leer libros, no soy de la corte de los filisteos pop, sí creo que es mejor leer libros que no leer libros y que es mejor leer libros que ver pantallas. Aunque suene poco cool decirlo en la era del slop tecnológico y el cinismo educativo. Esto no significa que los libros sean lo único que uno deba leer, por supuesto. Sin embargo, recomiendo que, si lo estuvieron pensando, háganlo hoy: denle quince minutos a un libro y quítenselo al celular. Se puede. Empiecen con sólo quince minutos, media hora a lo sumo. Van a ver que se van a sentir mejor.
En Curva de aprendizaje publico un ensayo o una conversación cada 7–10 días, normalmente entre viernes y domingo, a media mañana (ARG). A veces envío bonus entre semana. Además, acaba de arrancar 3 Cosas, mi podcast de entrevistas, con capítulos nuevos cada 15 días. Este año también estreno Historia Israelí Contemporánea (HIC), una serie mensual sobre libros relacionados con Israel y la historia judía contemporánea.
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